Cómo Reducir los Efectos en la Piel
La buena noticia es que existen medidas que hacen diferencia real. Nada de fórmulas mágicas, pero sí hábitos que dan soporte al tejido conectivo mientras el cuerpo se adapta.
La hidratación empieza por dentro. Beber agua a lo largo del día es lo básico, pero además alimentos con alto contenido de agua contribuyen. Pepino, sandía, lechuga, calabacín. Siempre que sea posible, incluir estos alimentos en las comidas.
La alimentación también importa. Las proteínas son los pilares de la construcción de colágeno. Pollo, pescado, huevo, legumbres. Zinc y vitamina C son cofactores importantes en esta construcción. Carnes magras, frutas cítricas, pimiento. Estas combinaciones son simples de aplicar en el día a día.
La hidratación tópica no puede dejarse de lado. Un hidratante con urea o ácido hialurónico ayuda a mantener la barrera cutánea funcionando. Aplicar justo después del baño, cuando la piel aún está levemente húmeda, mejora la absorción.
El protector solar protege el colágeno existente. Los rayos UV degradan las fibras que ya están siendo exigidas por la pérdida de peso. Filtro solar diario, incluso en días nublados.