Cuando Carolina empezó el tratamiento con un péptido agonista de GLP-1, esperaba perder peso y ganar energía. Lo que no esperaba era llorar sin motivo aparente en la tercera semana, sentir una ansiedad que no era habitual en ella y tener ganas de abandonar cosas que antes le daban placer. Carolina no estaba enloqueciendo. Estaba pasando por algo que ocurre con más frecuencia de lo que los médicos solían admitir.
Estudios publicados en los últimos años, incluyendo investigaciones en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism y el International Journal of Obesity, señalan que una porción significativa de usuarios de GLP-1 reporta alteraciones del humor en las primeras semanas de tratamiento. No son casos aislados. No es exagerar. Es una respuesta fisiológica real, y entender lo que está pasando en tu cuerpo es el primer paso para atravesar esta fase sin perderte en el proceso.
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