Empecé Ozempic convencida de que sería pan comido. Dejas de tener hambre, bajas de peso, fin de la historia. Bueno, no. Las primeras semanas sí fueron fáciles, casi ridículamente fáciles. Las siguientes fueron un cursillo intensivo sobre lo que significa realmente alimentarse bien cuando tu relación natural con la comida ha sido alterada por un medicamento.
En los primeros dos meses me sentía casi invencible. Sin hambre, sin ruido mental alrededor de la comida, perdí casi cinco kilos sin ningún esfuerzo consciente. Pensé genuinamente que había encontrado la solución perfecta. Lo que no sabía era que detrás de esa tranquilidad silenciosa, mi cuerpo estaba vaciándose poco a poco. Estaba comiendo, pero no me estaba alimentando. Y esa diferencia lo cambió todo para mí.
Controla tus comidas, hidratación y datos de salud con PeptPro. Descárgalo aquí: https://apps.apple.com/us/app/peptide-tracker-peptpro/id6764484462